La paz imperfecta y la paz neutra: dos respuestas a la violencia estructural y simbólica

Introducción


Lo primero que haremos en esta breve crítica es explicar a grandes rasgos las diferentes violencias que existen y las diferentes formas de abordarlas desde una investigación para la paz.

En primer lugar, nos encontraríamos con la violencia directa, o más comúnmente llamada la violencia física, definiremos la violencia directa como aquella que es muy evidente y que afecta sobre todo a la integridad física de las personas (por ejemplo, las guerras), la ausencia de esta violencia es lo que desde la academia se ha llamado como la paz negativa. Por lo tanto, la paz negativa consiste en la ausencia de la violencia directa. Esto a un nivel internacional tiene mucha repercusión, pues es sobre esta paz sobre la que se basan casi todas las relaciones y medidas internacionales.

Por otra parte, encontramos la violencia estructural, que la definiremos como una violencia intrínseca en el sistema social, más concretamente, y aunque parezca redundante, en su estructura. La violencia estructural se refiere a las desigualdades y discriminaciones sociales que se encuentran casi inevitablemente en las relaciones sociales, como puede ser el racismo, en contraposición a esta violencia encontraríamos dos paces, la paz positiva (término acuñado por Johan Galtung) y la paz imperfecta (término acuñado por Francisco Muñoz), como de esta última hablaré más adelante, haré una breve definición de la paz positiva. Esta última consiste en entender las violencias estructurales en un sistema y crear una sociedad justa en la que se garanticen una igualdad de derechos y oportunidades, promoviendo también un trato pacífico de los conflictos.

Encontramos también la violencia cultural o simbólica, esta violencia es mucho más difícil de identificar, ya que no es tan evidente a simple vista como la directa, ni tan cuantificable como la estructural, la violencia cultural se encuentra en las relaciones más inmediatas dentro de una sociedad, como por ejemplo las relaciones de género, relaciones de poder que crean violencias diarias puesto que sitúan a un grupo social por encima de otro, o relaciones económicas. Ante esta violencia encontramos también dos paces, la paz cultural (término acuñado por Johan Galtung) y la paz neutra (término acuñado por Francisco Jiménez), igual que pasa con la paz imperfecta, no nos preocuparemos ahora de esta paz porque la trataremos más adelante.


La paz imperfecta

La paz imperfecta parte de la idea de lo inacabado, se denomina imperfecta en el sentido de que aún está por hacer y de que es un proceso constante. Desde esta perspectiva se propone un cambio de perspectiva en la investigación para la paz, considera Francisco A. Muñoz que las investigaciones para la paz se hacen desde la violencia, y que esto dificulta un verdadero conocimiento de la paz.

Francisco Muñoz defiende que la mayoría de las interacciones humanas son pacíficas, y que debemos ser capaces de fijarnos en estas interacciones para poder aplicar su metodología a los conflictos que no son resueltos de forma pacífica.

Se defiende también desde la paz imperfecta que se deben resaltar las relaciones pacíficas existentes en el día a día y en la historia, se supone que, si conseguimos dar un giro epistemológico y generar una ciencia social que analice la paz para hablar de paz y no fije su conocimiento en la violencia, podremos entonces crear un pensamiento realmente pacifista.
Desde esta perspectiva se entienden los conflictos como algo inherente al ser humano, e incluso se va más allá, Muñoz considera incluso que los conflictos son una oportunidad para desarrollar nuevas situaciones de formas más originales (Muñoz F. A., 1998).

Uno de los principales problemas bajo mi punto de vista en la argumentación de la paz imperfecta, es que asocia la paz con la biología humana, es decir, contradice el hecho de que se asocie la violencia a la naturaleza humana, asociando la naturaleza humana a la paz (Muñoz F. A., 2001). Y no sólo eso, sino que asignar un comportamiento a la naturaleza humana es algo antropológicamente falso. Según la paz imperfecta, la paz proporciona una sensación de bienestar en el ser humano, pero eso sólo podemos corroborarlo dentro de un contexto cultural, es prácticamente imposible corroborar un comportamiento humano fuera de un contexto social y cultural, que en muchas ocasiones a lo largo de la historia se haya luchado por mantener una situación de paz y se haya intentado acabar con situaciones bélicas no significa que sea algo inherente a la naturaleza humana.

La paz imperfecta asegura que la mayoría de los conflictos se resuelven de forma pacífica, pero cabe preguntarnos si esto es más una cuestión práctica y de supervivencia, o algo inherente al comportamiento humano.

Desde esta perspectiva se da por inevitable la existencia de los conflictos, y la verdad que esto no podemos negarlo, es innegable que existen desacuerdos entre las personas, y siempre ha habido y habrá controversias e intereses enfrentados, lo que no significa que tengamos que posicionar esto como algo positivo, o como oportunidad para encontrar nuevas formas de realizar paz. Los conflictos son inevitables, pero no por ello deseables, los conflictos desencadenados de relaciones de poder o desigualdades no deben esperarse a que surjan, sino que sería más eficaz reducir esa violencia estructural resultante del poder y las desigualdades sociales.

La paz neutra

Como respuesta a la violencia estructural encontramos la paz neutra, una paz que consiste en la neutralización de las estructuras sociales que llevan a una situación de discriminación hacia un colectivo.

La paz neutra parte de la base de que la neutralidad es imposible (Jiménez Bautista, 2014), y esto es relativamente sencillo de explicar, como he dicho anteriormente es prácticamente imposible analizar el comportamiento de un ser humano sin un contexto social y cultural, lo que también significa que el pensamiento de un ser humano, su configuración y entendimiento de la realidad está condicionado por su contexto, lo que convierte la neutralidad en algo imposible, o altamente improbable si no queremos arriesgarnos.

Por esto, desde la paz neutra se promueve la no neutralidad, se defiende una clara posición contra las violencias simbólicas y culturales. Jiménez insta a que para crear una cultura de paz es necesaria una posición no neutral que defienda unos principios básicos.


Desde la paz neutra se propone la transformación de la realidad a través de metodología no violenta, utilizando el diálogo para llegar a la empatía y la comprensión del otro, y dando la importancia merecida al lenguaje (Jiménez Bautista, 2014), herramienta por excelencia en la comunicación del ser humano, que además configura todo el entendimiento de la realidad. Podría decir se que el lenguaje es como el esquema de nuestro pensamiento, gracias a él nos comunicamos con otros seres humanos y somos capaces de crear realidad que no es inmediata, es decir, somos capaces de crear realidad, como por ejemplo relaciones de poder.

La paz neutra tiene en cuenta estas relaciones simbólicas que se crean dentro de una sociedad y que son las causantes de violencia. Lo que se pretende desde esta paz neutra es neutralizar la violencia simbólica o cultural, construyendo una sociedad donde los individuos tengan capacidad de empatía, y no se “tolere” al otro (Jiménez Bautista, 2014), sino que se conviva mutuamente, que se escuche y acepte otro punto de vista.

Puedo encontrar una contradicción en esta paz, puesto que en un principio se aboga por el posicionamiento y el abandono de la neutralidad, y finalmente se promueve una posición más neutral alejada de los extremos. Claro que también es cierto que veo el pragmatismo de ambas posiciones.

Por una parte, es necesario un posicionamiento con unos principios humanitarios básicos, como el hecho de aceptar la multiculturalidad y la convivencia. Para aplicar una cultura de paz (o de lo que sea) es necesario posicionarse en unos valores básicos, porque si no, no se podría crear cultura, por ende, no es posible la neutralidad.

Y, por otra parte, el abandono de los extremos y la búsqueda de un entendimiento común, es decir, la neutralidad entre dos partes es parte indispensable de la cultura de paz, y por lo tanto una posición neutral justificable dentro de la no neutralidad.



AMBAS PERSPECTIVAS

En realidad, si nos paramos a analizar las dos paces, podemos decir que persiguen lo mismo, pero de formas diferentes, de hecho, desde ambas perspectivas se pretende cambiar la configuración del pensamiento y buscar un camino alternativo, sólo que en momentos diferentes.

Mientras la paz imperfecta pretende actuar una vez existe la violencia, la paz neutra pretende actuar antes de llegar a una situación de violencia y propone eliminar los factores que contribuyen a su existencia. Encontramos una posición preventiva y otra reactiva.

Es cierto que, la paz imperfecta necesita de una conformidad inherente, y se basa en la idea de aceptar las pequeñas cosas para no “desanimarnos” con las grandes. Filosofía que es muy aplicada hoy en día (aunque esta teoría haya sido creada anteriormente), muy probablemente debido al acceso que tenemos ahora a todos los fenómenos mundiales, cada ve nos sentimos más pequeños, y por eso es fácil identificarse con un discurso de las cosas pequeñas, si te fijas en todas las situaciones de paz que hay en tu día a día podrías decir que vives en una sociedad más pacífica que violenta. Pero en última instancia esto es una falacia, pues las relaciones de poder siguen existiendo y dominando toda la estructura social (la política, los recursos, la economía, etc.), lo que significa que la violencia sigue guiando las relaciones sociales.

Como he dicho anteriormente considero que ambas perspectivas buscan el mismo fin, pero consideran caminos diferentes, y quizá la solución ideal resida en la unión de ambas. La paz neutra es necesaria para eliminar las prácticas y configuraciones culturales causantes de la violencia (a través principalmente de la educación), y la paz imperfecta se podrá aplicar en la propia educación para una cultura de paz, promoviendo una visión que se base más en las relaciones pacíficas que en las relaciones violentas, y manteniendo la idea de que la paz es un proceso constante y no un estado final, puesto que situar la paz como algo inalcanzable lo convierte en un ideal (por tanto, imposible), será por esto más eficaz plantear la paz como un camino cultural, y no como un fin.


Bibliografía


Jiménez Bautista, F. (2014). Paz neutra: una ilustración del concepto. Revista de paz y conflictos, 19-52.
Jiménez Bautista, F. (2018). Paz imperfecta: nuevas querellas amistosas. Revista de cultura de paz, 25- 43.
Muñoz, F. A. (1998). La paz imperfecta: apuntes para la reconstrucción del pensamiento pacifista. Papeles de cuestiones internacionales, 11-14.
Muñoz, F. A. (2001). La Paz Imperfecta. En La Paz imperfecta (págs. 1 - 36). Granada: Universidad de Granada.
Telleschi, T. (2018). El alcance filosófico y sociológico de la paz imperfecta. Un re-enfoque crítico. Revista de Cultura de Paz, 45-67.

Comentarios