Hoy he ido a comer con unos
amigos, yo era la única mujer, parece algo poco relevante, pero es necesario
saberlo para lo que os quiero contar; el resto de mis amigos, podría decirse
que son hombres muy seguros de su “masculinidad”, no sólo que estén seguros de
ella, sino que, parece ser, tienen una necesidad constante y casi inevitable de
defenderla con cada palabra que sale de su boca.
Estábamos comiendo, y la
conversación y los comentarios me parecían una constante lucha por reafirmarse
en su condición de hombres, quiero decir, que la conversación ha girado
constantemente en torno al hecho de que los hombres y las mujeres son “diferentes”, y lo que más he
escuchado han sido comentarios sobre qué buena está esta chica o aquella, de
hecho, uno de mis amigos se ha puesto a fardar de que ha mantenido relaciones
sexuales con muchas mujeres, a lo que los demás han contestado con un “¿cómo lo hace el cabrón? Que crac”, sin
embargo, en el momento en el que yo me he puesto a hablar de mi vida sexual, su
respuesta ha sido, “mejor no contamos que
nos quedamos sin tiempo”, es decir, que para decir que uno de los chicos
tiene una lista con todas las mujeres a las que se ha tirado si hay tiempo,
pero si se trata de la vida sexual de una mujer, no merece la pena hablar de
ella. Si, puede ser que fuera una simple broma, así que en ese momento lo paso
por alto, al fin y al cabo no tiene tanta importancia, efectivamente he tenido
muchas relaciones sexuales con distintos hombres, y no me avergüenzo de ello.
En un momento dado hemos salido a
que uno de mis amigos se fumase un cigarro, y resulta que era un cigarro con
sabor a lima-limón, todos se han reído de él, llamándole “mariquita” porque no
aguanta el sabor fuerte del tabaco, él, inmediatamente ha intentado reafirmarse
en su condición de hombre heterosexual y ha explicado que esos cigarros son los
que compra su novia, no son suyos, no sé si será verdad o no, pero el mero hecho
de tener esa desesperada necesidad de justificarse y sobretodo, de justificarse en su novia, ya
lo dice todo.
No sólo ha sido eso, en un
momento determinado he comentado que a mí el gris me parece un color muy “femenino”
y uno de mis amigos llevaba una camiseta gris, la reacción de todos ha sido
mirarle y reírse, él, al sentirse atacado por poner en cuestión su virilidad,
ha devuelto ese “ataque” recordando que el otro fuma cigarrillos con aroma a
lima-limón. Mientras que por un momento
creí que el tema de conversación se iba a desviar de esa necesaria reafirmación
constante, ilusa de mí, se ha desviado hacia el hecho de lo buena que está una
cantante que en ese momento estaba en televisión. Vale sí, se puede hablar del
buen físico de una cantante sin ningún problema, pero otra vez, hemos vuelto al
hecho de que “el hombre que se la tira “es un puto “crac”.
Continuando con la conversación,
les he contado una anécdota que me contó un amigo el otro día sobre que un
compañero suyo del instituto tenía un lío con una profesora. La respuesta de mis
amigos ha sido “que puto amo”, entonces uno de ellos ha contado que en sus
instituto una chica estuvo saliendo durante un año con un profesor, la
respuesta a este comentario, ha sido “y cuando la aprobó lo dejó ¿no?”. A todo
esto yo lo único que estaba escuchando es: los hombres no se aprovechan, son
las mujeres las que son tan sumamente retorcidas como para utilizar su
atractivo y manipular a un hombre, porque las mujeres son malas y los hombres
no, los hombres no tenemos la culpa de nada, y si un adolescente es capaz de
mantener relaciones con una mujer más mayor, que suerte tiene y que crac es,
porque claro, la mala sigue siendo ella, la que está haciendo las cosas mal, es
ella.
El colmo de la conversación ha
llegado cuando nos hemos puesto en el supuesto de que los hombres pudieran auto-practicarse sexo oral,
el comentario inmediato ha sido “entonces nos extinguiríamos porque las mujeres
ya no servirían para nada”, yo soy consciente que este tipo de comentarios los
dicen de “broma”, y que en ningún momento piensan realmente que las mujeres
seamos meros objetos sexuales, pero lo único que he podido ver hoy, es que el
machismo y las identidades de género están tan incrustados en nuestro cerebro
que ni si quiera se han parado a pensar ni por un segundo que la conversación
estaba siendo completamente denigrante hacia la mujer.
Si en ese momento, yo me hubiera
enfadado o les hubiera hecho ver lo sexista de la conversación (como he hecho
en otras ocasiones), lo único que habría recibido sería un “venga Marta no
exageres”, porque, como dice mi profesora de género, si una mujer se enfada es una
histérica y una exagerada, pero si lo hace un hombre, simplemente es su
carácter; y en ese momento automáticamente me habría convertido en una “feminazi”,
pero si uno de mis amigos se hubiera sentido ofendido por alguno de los
comentarios, seguramente se estarían
pasando.
Y quizá el fallo fue no decirlo,
y dejar pasar éstas cosas, sólo porque no te digan que eres una plasta y una
exagerada, pero es nuestro deber, como sujetos sobre los que se aplica esta
violencia que parece inofensiva, defendernos, y no dejar pasar ni una, hasta
que, el día de mañana, cuando a un amigo tuyo le digan que es un “mariquita”
por fumar cigarrillos de lima-limón, éste, simplemente conteste, “es que me gustan”.

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